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La ciudad como escenario pedagógico: entrevista al profesor Pablo Páramo
 
27 de febrero de 2017

 

La Universidad Pedagógica Nacional rinde un homenaje a sus investigadores resaltando la trayectoria profesional de aquellos docentes que han dedicado buena parte de su vida a la investigación en educación y pedagogía.

En esta entrega el profesor Pablo Fernando Páramo Bernal, adscrito al Doctorado Interinstitucional en Educación, nos cuenta sobre su extenso recorrido en investigación en la psicología ambiental, en particular, su exploración en la relación entre pedagogía, medio ambiente y convivencia ciudadana.
 

 

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¿Podría darme un resumen de su trayectoria académica e investigativa?

Me gradué como psicólogo de la Universidad Católica de Colombia en 1981 y trabajé por varios años en la coordinación del programa de salud mental del Servicio de Salud de Bogotá. En 1986 obtuve a través de concurso el cargo de profesor de planta de la Universidad Pedagógica Nacional y desde entonces me dedico a la labor docente y a la investigación. Inicialmente me vinculé al programa de Licenciatura en Educación Especial; asumí posteriormente la dirección del Departamento de Psicopedagogía y fui decano de la Facultad de Educación. En 1991 obtuve una beca del Consejo Británico, gracias a la cual cursé el programa de Maestría en Ciencias de la University of Surrey en el Reino Unido, el cual culminé en 1993. Allí estudié las relaciones del individuo con el ambiente natural y el ambiente social o construido. A mi regreso al país conformé un grupo de investigación con docentes de la Licenciatura en Educación Especial para evaluar las condiciones del campus universitario de la calle 72, estudio con el que se hicieron propuestas para cambiar sus —en ese entonces— precarias condiciones (La evaluación del campus universitario, UPN, 1999). Con este mismo grupo exploramos la representación que niños de diversas regiones del país tienen de la fauna, de la cual surgió el libro Nuestros vínculos con los animales (UPN, 1999).

En 1999 obtuve una beca del Programa Fulbright del Departamento de Estado de los Estados Unidos, con la cual realicé estudios de Doctorado en Psicología Ambiental en la City University of New York, que finalicé exitosamente en 2004. Dentro de mi formación doctoral estudié, entre otras áreas, las relaciones de los niños con la fauna en los parques urbanos, el significado de los espacios públicos para los habitantes de Bogotá, el crimen urbano, la preservación de los recursos naturales, todo dentro del marco teórico de la psicología ambiental. El programa doctoral me aportó igualmente en la formación como investigador al permitirme conocer técnicas novedosas de recolección y análisis de información tanto cuantitativa como cualitativa. De vuelta al país me interesé, junto con un grupo de investigación interinstitucional, en la historia de las prácticas sociales situadas en el espacio público en Bogotá, de la cual surgieron dos publicaciones, Historia social situada en el espacio público de Bogotá desde su fundación hasta el siglo XIX (UPN, 2006) y La experiencia urbana en el espacio público de Bogotá en el siglo XX: Una mirada desde las prácticas sociales (UPN, 2009). Allí sistematizamos información documental sobre cómo el comportamiento de las personas en los espacios públicos se manifiesta de distintas maneras y cómo los lugares han venido moldeando las formas de actuación, dando lugar a prácticas culturales. Lo importante, desde el punto de vista pedagógico, es que dimos recomendaciones acerca de cómo el espacio público debe ser el escenario de formación de la ciudadanía y de pautas de convivencia, de fortalecimiento de la identidad de las personas con la ciudad, para que así los habitantes sean más respetuosos del patrimonio, del medio ambiente y se reconozcan como parte de una historia social.

En los últimos años hemos internacionalizado la investigación adelantada por el grupo Pedagogía urbana y ambiental al consolidar una red de investigadores con los cuales hemos realizado trabajos comparados en convivencia ciudadana, medio ambiente y habitabilidad del espacio público en distintos países. Uno de los datos más interesantes surge cuando se les pregunta a personas de nueve países latinoamericanos a quién atribuyen el cuidado del medio ambiente; el menor porcentaje de atribución se lo otorgan ellos mismos como ciudadanos, es decir, consideran que los problemas del ambiente son responsabilidad de otros, del gobierno, de los organismos internacionales, pero no de ellos. Esto muestra que algo está fallando en la educación ambiental: se ha aumentado el nivel de consciencia sobre la problemática, pero no hemos enseñado la responsabilidad sobre el ambiente y nuestra capacidad de hacer algo al respecto.

Frente a este hallazgo preocupante, he planteado el concepto “reglas proambientales”, que tiene que ver con la necesidad de educar con una visión propositiva sobre lo que hay que hacer (Reglas proambientales: una alternativa para reducir la brecha entre el decir y el hacer, 2017). Una regla proambiental es un enunciado verbal que establece una condición para una forma específica de actuar, y unas consecuencias positivas o negativas para cada acción. Las actitudes en las que hemos venido formando a las personas (en general, ahora positivas hacia el medio ambiente) nos dicen que hay un problema, lo cual genera preocupación, pero no basta con eso. Las reglas dicen cómo hay que actuar al respecto. En este sentido, hay un aporte significativo de la UPN a la comunidad que piensa los problemas ambientales.

Otro estudio comparado (La habitabilidad del espacio público en ciudades latinoamericanas, en prensa) explora en siete países de América Latina las condiciones que contribuyen a que el espacio público sea habitable, esto en el contexto de procurar que la ciudad sea educadora. Para que una ciudad cumpla con esta cualidad, su diseño debe contribuir para que los ciudadanos se formen. Por ejemplo, en la habitabilidad juega un papel muy importante la percepción de seguridad, la calidad del ambiente natural, el mobiliario urbano, la accesibilidad a centros culturales, aspectos que resultaron bien valorados en ciudades como Jundiaí, Brasil, pero muy mal calificados en Caracas, Venezuela. También hemos explorado más recientemente la percepción de los comportamientos que ayudan a la convivencia en los países de la región; realizamos entrevistas a profundidad a historiadores sobre la evolución de las prácticas asociadas a la vida en la ciudad y encontramos una evolución muy interesante en comportamientos como el saludo entre desconocidos, el trato hacia las mujeres, la forma de vestir, la manera de educar para la convivencia, etc. El aumento de la concentración de población en las ciudades ha hecho que las prácticas culturales cambien: en las poblaciones pequeñas, la convivencia es mayor en la medida en que las personas se reconocen entre sí, pero a medida en que crece la población, la posibilidad de que uno se encuentre con un conocido es menor, lo que afecta la relación con el otro (“Convivencia ciudadana”, proyecto vigencia 2016).

 

Algunas de las obras publicadas del profesor Pablo Páramo.


¿Cuál ha sido el papel de la Universidad Pedagógica Nacional en su carrera?

Ha sido fundamental. Sin el apoyo de la UPN no hubiera podido hacer los aportes que he hecho a mis estudiantes y a la comunidad académica. Es gracias a la vinculación con la universidad pública, y en particular con la Pedagógica, que he tenido la oportunidad de formarme académicamente y de hacer investigación; muy pocas instituciones les permiten a los profesores de planta investigar, con los tiempos que se nos asignan. También ha habido un esfuerzo personal importante (evidenciado en las becas que me he ganado), pero sin el apoyo de la Universidad —por ejemplo, cuando obtuve dichas becas— al mantenerme el sueldo y otorgarme las comisiones de estudio, hubiera sido imposible alcanzar estos logros académicos. La Subdirección de Gestión de Proyectos, Centro de Investigaciones Universidad Pedagógica Nacional (CIUP) hace una labor muy importante al apoyar los proyectos de investigación, aunque con altibajos, por supuesto, porque en ocasiones no hay el suficiente presupuesto, o porque los criterios utilizados para asignar los evaluadores de los proyectos no son suficientemente objetivos, lo cual ha retrasado el desarrollo de la investigación. Asimismo, el trabajo de la Oficina de Relaciones Interinstitucionales (ORI) ha sido definitivo para socializar nuestros proyectos entre la comunidad internacional: sin este apoyo no tendríamos el reconocimiento del que gozamos actualmente. En diversos países de América Latina y Europa nos reconocen por nuestros trabajos en el campo de la psicología ambiental y la educación para la convivencia.



¿Cuál ha sido la importancia de su grupo de investigación en su desarrollo profesional?

El grupo “Pedagogía urbana y ambiental” integra la dimensión del ambiente natural y el construido. Contribuimos al conocimiento pedagógico haciendo propuestas para la educación ambiental y la convivencia ciudadana. Trabajar en equipo ha sido muy importante porque nos complementamos: por ejemplo, gracias a la participación de la profesora Andrea Milena Burbano Arroyo tenemos una visión más clara de lo atinente al mundo urbano, porque ella es arquitecta y doctora en Estudios Territoriales. Los otros miembros del equipo aportan desde su perspectiva y desde sus profesiones. Quien revise nuestras publicaciones encontrará una mirada transdisciplinar.

 



Para usted, ¿cuáles son las mayores satisfacciones de la labor docente e investigativa?

El mejor trabajo del mundo es ser docente universitario; esto, por varias razones; existe la posibilidad de conocer personas diferentes cada semestre: los estudiantes. Son ellos quienes enriquecen al docente, vienen con distintas visiones disciplinares y por eso los seminarios que ofrezco son distintos cada semestre. Es es una experiencia muy positiva para el profesor porque representa un reto para innovar. Se disfruta el conocimiento y se está en una actitud de constante aprendizaje con los demás miembros de la comunidad académica del país y el mundo.

Por otra parte, la necesidad de publicar es un reto académico que permite obtener reconocimiento social. Sentirse libre de pensar, de escribir y de producir conocimiento aumenta mucho la satisfacción de ser profesor investigador. La UPN es una universidad pública y los que trabajamos aquí nos sentimos más libres que en otras instituciones de educación superior u otros ambientes laborales. Aquí hay libertad de expresión, de investigación y de enseñar, y se puede escribir de forma mucho más libre. Esta libertad, por supuesto, hay que defenderla permanentemente. Ser profesor universitario en una universidad pública, y en la Universidad Pedagógica Nacional, es el mejor triunfo que he podido conseguir en la vida.



¿Cuáles son los mayores retos de la investigación en educación y pedagogía en Colombia?

Investigar sobre educación es una prioridad. Veo con preocupación que hay poco interés por hacer investigación en educación y pedagogía basada en evidencia. Reconozco el trabajo valioso que hacen mis colegas desde distintas perspectivas, como la teoría crítica o la fenomenología, pero el trabajo basado en evidencia, que muestra realidades del país, que está soportado en datos empíricos, es escaso. No solamente en nuestra Universidad, sino en general en el campo de la educación. Soy un defensor de la pedagogía basada en la evidencia y creo que hay una falencia en ese sentido. Es necesario soportar lo que se dice en la teoría crítica con mayor evidencia, porque de esa manera es que podemos convencer a los tomadores de decisiones de que las cosas van por mal camino, para que cambien, o por buen camino, para que se sostengan.

En educación hay un gran vacío en el conocimiento; hay muchas áreas sobre las cuales no sabemos mucho. Esto es positivo, pues supone un reto, pero también señala un déficit enorme. En particular, en educación ambiental y urbana, la investigación muestra que las personas no saben qué hacer ante los problemas ambientales. El planteamiento de las reglas proambientales ofrece una oportunidad de desarrollar investigaciones orientadas al qué hacer y cómo resolver los problemas del medio ambiente a través de la educación ambiental.

 

 



JG
 

 

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